lunes, 23 de enero de 2012

Cuando la VERDAD nos reconcilia


A veces ahí estamos, en un momento en el que la relación se pone tensa…

Esa tensión que sabe amarga y que surge cuando la perspectiva de la realidad de uno es diametralmente diferente  a la perspectiva de la realidad del otro…

Entonces se teje una conversación entrelazada de “dimes y diretes” que básicamente son la expresión de los argumentos que cada quien consigue para hacer valer su perspectiva…

Y de pronto los hilos de esa conversación comienzan a enredarse de tal manera que se convierte en una masa crítica sin sentido donde cada uno defiende su punto de vista y quiere convencer al otro de la validez de su opinión…

Los ojos lloran, la voz se altera, la piel se eriza, los músculos se tensan, el estómago cruje, el rostro hace muecas, y las manos parlotean…

Y puede suceder que el pecho se expanda porque el corazón se quiera expresar, y si caemos en cuenta y nos sensibilizamos con esta sensación peculiar es inevitable abrirnos a la VERDAD, y solo así le damos un nuevo sentido a la experiencia cuando dejamos de argumentar la lógica con maña para expresar puros sentimientos de entraña…

A veces ahí estamos, en un momento en que la VERDAD nos reconcilia con el ser amado…

lunes, 16 de enero de 2012

El Placer de las Experiencias Espontáneas



 Hoy

Suelta y relájate…
Pues cuando te relajas dejas que las cosas fluyan...
Y cuando dejas que las cosas fluyan todo en tu vida se acomoda...
Agarra las experiencias, solo lo suficiente para que te sucedan, e inmediatamente da paso a lo que sigue...
Y si sueltas el control de tus planes ególatras, auguro que estarás fluyendo en el placentero río de las experiencias espontáneas…

lunes, 31 de octubre de 2011

La belleza de la sabia

 
En una cultura occidental donde la belleza se relaciona directamente con la juventud, es suficiente ser joven para ser considerada bonita.

¿Y si ser joven no es suficiente?

Así me sentí en muchos momentos de mi vida, que los años que había experimentado hasta entonces no me alcanzaban para acceder a una sabiduría que me permitiera tomar decisiones y actuar en mi bienestar y el de los demás.

Recuerdo que había momentos en que mi juventud me estorbaba, deseando incluso parecer más madura de aspecto para hacer valer mi palabra. Y así me sucedió muchas veces, que ser joven y bonita me fue insuficiente para vivir la vida que quería, porque yo quería una vida donde siendo joven también pudiera ser sabia.

Pero para ser sabia tenía que dejar de ser joven, y si dejaba de ser joven entonces corría el riesgo de dejar de ser bonita, ¡¡¡Ups!!!

Por lo menos esa era la creencia que se le había ocurrido a mi testaruda e inexperta lógica, y así también me lo confirmaban los íconos de belleza de los medios de comunicación y publicidad que deambulaban por todo mi entorno, y que se caracterizaban por ser en su mayoría mujeres jóvenes y de preferencia muy delgadas!

Este dilema me acompañó por muchos años, hasta que un día el texto de un libro -del cuál no recuerdo el título- me ayudo a ver con otros ojos. En ese libro la autora explicaba que cada vez que cumplimos años se suma una nueva edad  a nuestra experiencia de vida manteniendo al mismo tiempo las edades anteriores.

Por ejemplo, cuando una bebé crece y cumple 3 años e ingresa al kinder, en realidad en el interior de su ser sigue conservando la experiencia y la memoria corporal de todo cuando era bebé, y a los 3 años suma la experiencia y la memoria corporal de comenzar a ser una niña. De la misma forma esta niña cuando cumple los 13 años solo suma a su ser la experiencia y memoria corporal de comenzar a ser una adolescente, conservando así toda la experiencia de su ser bebé y su ser niña simultáneamente. Y así sucesivamente hasta incluir las etapas de mujer joven, mujer madura, y mujer anciana. Y lo mismo aplicado para cualquier ser humano.

Esta perspectiva del tiempo sobre la cronología del cuerpo y la edad de la mente me hacía ver lo importante que era celebrar un cumpleaños, que detrás de la algarabía y el gozo por recibir pastel y regalos estaba la honda necesidad de recapitular que tanto había aprendido y crecido por cada año vivido.

A mis 36 años de edad me encanta la idea de creer que conviven y co crean en mi una recién nacida, una bebé, una niña, una adolescente, una mujer joven y una mujer madura. Cada una con muchísimas experiencias de vida que se han memorizado en mi cuerpo en forma de huellas. Huellas que se manifiestan en marcas visibles y registros sensibles que le dan al cuerpo una auténtica belleza. ¿Te lo imaginas?, belleza pura expandida en el ciclo de mujer anciana!

En consecuencia, mi lógica de antaño se ha convertido en una intuitiva experiencia, y en el profundo sentido de que existen los “cuerpos sin edad” y las “mentes sin tiempo”, la conciencia que ocurre en el equilibrio del cuerpo y la mente se deja ver una gran verdad… 

“Es posible ser sabia sin dejar de ser joven, y que entre más sabia eres mas bella te sientes”


lunes, 3 de octubre de 2011

¿Persevero o me resigno?



¿Te ha sucedido que intentas realizar un propósito tantas veces sin éxito alguno, que estás a punto de tirar la toalla?

¿Cómo saber hasta donde seguir intentando? ¿En qué momento dejar de intentarlo y ocuparnos en lo que sigue?

Entre la perseverancia de insistir en lograr un propósito y la resignación al dejar de intentarlo, hay una brecha formada por una armoniosa mezcla de creencias y experiencias que nos van señalando el camino. 

Mientras exista una mínima inspiración que nos motive a seguir, habrá suficiente valor para continuar, tal vez lo único que falte sea hacernos una pregunta angular…

¿Estoy consciente de los posibles cambios que sucederán en mi vida si lo logro?

¡Auguro que dentro de todas las respuestas que encuentres a esta pregunta precisa, sabrás si resignarte o perseverar!

viernes, 3 de junio de 2011

Amar al Miedo


Ahí estaba yo, en un cuarto con apenas un halo de luz, se sentía frío y desolador. Era un cuarto de dimensión pequeña con una puerta abierta y un librero de madera vacío. De pronto me di cuenta que había alguien más en ese lugar conmigo, sentí incertidumbre, y en mi cuerpo se detonó esa sensación del estómago vacío cuando vi pasar una sombra.

De inmediato me hice pequeña, me flexioné en cunclillas sobre mis tobillos, justo a un lado del librero. Vi otra vez a la sombra y me dio miedo, mucho miedo!

Era una sombra con forma de ser humano, oscura, gélida, sin identidad y deambulaba serena. Y yo me preguntaba ¿qué hace aquí?, ¿qué quiere?, ¿qué busca?, ¿qué tengo que ver yo con ella?, ¿existe alguna relación que nos una en este momento?, ¿por qué estábamos en el mismo lugar ella y yo? Y en esa meditación estaba cuando algo en mí cambió vertiginosamente, y entonces me di cuenta que esa sombra era EL MIEDO. Pero que lío! y solo porque lo viví, ahora comprendo que es posible sentir miedo ante El MIEDO.

Y luego, otro cambio intempestivo me hizo ver con otros ojos, porque de pronto recordé que EL AMOR es la forma primigenia de transformar EL MIEDO. Así lo había leído en muchos libros que a través de la existencia llegaron a mis manos en formas causales y místicas, y justo hasta ese momento comprendí con todo mi ser lo que eso significaba. Y fue tal el impacto de esa verdad, que en un solo movimiento sutil me puse nuevamente de pie.

Sentí mucha fuerza en mis piernas, el pecho expandido, la mirada enfocada, y una confianza memorable. Y entonces me sentí llena de algo cálido que me impulsó a enfrentarme al miedo de una forma creativamente amorosa, y así de un salto impetuoso me fui sobre la sombra y la abracé con mis piernas y mis brazos. Abrazándola con mucha emoción en el corazón, estaba consciente que había dejado de sentir miedo ante el miedo y a él decía que lo amaba dándole de besos. Mi expresión efusiva de amor duró hasta que la sombra se transformó en un alegre arlequín y comenzó a iluminarse de colores, para luego desvanecerse como el humo.

¡Poco tiempo después desperté, lo vivido había sido un sueño!

Las sensaciones de este encuentro entre EL AMOR y EL MIEDO estarán en mi memoria corporal por el resto de mi existencia, y hoy te lo comparto porque a partir de ese sueño he comprobado en la vida cotidiana que si intencionamos nuestras acciones de AMOR, no hay miedo que las haga sucumbir, pues su poder sutil lo hace desvanecerse. Y si hay tantas posibilidades de manifestar AMOR como la imaginación de seres humanos en el mundo, entonces podemos confiar que existen infinitas alternativas disponibles para liberarnos de nuestros más profundos temores.